Su nombre ya refleja la antigüedad de sus casas. Se constituyó desde viejas casas situadas en pleno bosque y que se transformaron en aldea. Hoy por hoy conserva aún parte de su construcción popular. Al pasear por sus calles se pueden ver bonitos rincones y perspectivas disimetrícas. Disimetría encontrada también en el interior de las casas.
Su parroquia, sin embargo, es de siglos posteriores, S. XVI y XVII, correspondiéndose con el estilo herreriano en su fachada, moldes simétricos; su bóveda gótica y sus capillas barrocas.
Destacan también la Casa del Reloj, o antiguo Ayuntamiento, y las escuelas.
Es un pueblo principalmente ganadero, su principal riqueza: el vacuno y el cerdo de montanera. Señalar pues la importancia de sus prados y pastos. No obstante, en su término municipal, de 39,40 kmª, abundan los pinos y los robles. También, descendiendo hacia el río, se ven encinas y carracas.
Por la carretera que asciende a la sierra se pueden ver magníficas vistas del valle.
Debido a su enclave, la antigüedad de sus tradiciones están muy arraigadas en su vida cotidiana y sus fiestas. Posee un rico tesoro folklórico que se suceden de padres a hijos consiguiendo que sea de reconocimiento en certámenes internacionales.