Este pequeño pueblo se encuentra en la parte alta de la falda de la sierra; a una altitud de 1012 metros. Está atrincherado entre montes, por las lomas de Rozas de Puerto Real y por el valle del Tiétar. Mientras, que a sus pies se juntan dos arroyos que le hacen abrirse a una bonita hondonada.
El lugar se encuentra rodeado de generosos bosques principalmente de castaños sin desdeñar los de pinos y robles. Esto ha provacado que la actividad laboral y cotidiana se haya busquedo en esta riqueza natural. Destacar pues la recogida de la leña, la resina y sobre todo de las castañas.
Igualmente este aislamiento obligatorio motivado por su altura les ha obligado durante siglos a subsistir con sus propios recursos. Un ejemplo lo tenemos en la construcción de sus viviendas, realizadas con madera y piedra de la zona.
No obstante, en la actualidad es clara su transformación. El material primitivo usado para la construcción se ha visto reemplazado por el ladrillo visto y otros de uso coetáneo.
Se pueden, sin embargo, aún observar, como algo aún peculiar del lugar, el trazado urbanístico que impone la montaña: calles tortuosas, estrechas y a distintos niveles.
Su término marca el límite por el noreste del antiguo Estado de La Adrada.