A orillas del río Cantos, en una gran hondonada y rodeado de una frondosa arboleda, se sitúa este pequeñito y alegre pueblo. El ser la mayor parte de su término sierra rocosa y bosque el número de sus habitantes es muy pequeño.
Su riqueza se deriva principalmente de los árboles: cerezos, pinos y castaños. También proviene de la ganadería.
Su historía está ligada a Arenas, por lo que sus habitantes se vieron sometidos durante mucho tiempo a las ordenanzas areneses y presionados igualmente por el mismo yugo señorial.
En 1759, Fernando VI, le otorgó la carta de villazgo.