Pueblecito de la sierra sito a 766 metros de altitud, entre los pliegues de las montañas pobladas de pinos y olivos y bajo las sombras de los Galayos y la mole pétrea de la Covacha. Esta situación y su declinación hacia el valle le hacen tener una maravillosas vistas del lugar; unos rincones y unas perspectivas de gran belleza.
Nombrar también el encanto de su arquitectura popular: el tipismo y la disimetría de sus calles balconadas.
Al igual que sus aledaños, por su terreno, es principalmente pastoril, muy en especial de cabreros. Habiendo una agricultura de subsistencia, destaca la explotación de los castañares.
En el año 1760, Carlos III le otorgó la carta de villazgo. Hasta ese momento había estado ligada históricamente a la Arenas.
Su población ha ido creciendo progresivamente aunque durante muchas épocas ha habido grandes lagunas. El tener que irse muchos de sus habitantes a otras zonas del valle por motivos de trabajo, dio lugar a un nuevo pueblecito, hoy conocido como El Raso.